Nervios y tensión entre cascotes y cristales en Portonovo
07/3/2010 La explosión del bar de la calle Unión dañó varios edificios y sembró la calle de restos
El nerviosismo, las caras largas y la tensión fueron la tónica general entre los vecinos que se acercaron ayer por la tarde al entorno de la calle Unión, en el centro de Portonovo, para comprobar el impacto del accidente. En la localidad apenas se habla de otra cosa porque los seis heridos son todos vecinos de esta villa marinera y el local siniestrado está estratégicamente ubicado en el corazón de Portonovo. Si el ruido de la explosión sorprendió a la mayoría primero, las consecuencias posteriores dejaron a más de uno con las lágrimas en los ojos.
El espectáculo que ofrecía la cafetería Koly y las calles adyacentes no eran para menos. Los cascotes, trozos de cristales de las ventanas y todo tipo de objetos procedentes del bar ocupaban buena parte de la vía pública. Impresionaban especialmente los cristales, afilados, que habían sido lanzados por la explosión, cual dardos de una diana, contra las paredes de algunas de las casas próximas donde quedaron incrustados.
Verjas retorcidas
También llamaba la atención las retorcidas verjas de hierro del sótano donde se originó el incidente. Más que verjas parecían una amasijo informe de hierros retorcidos.
Solo los servicios de emergencias pudieron entrar en el establecimiento por razones de seguridad. Los demás presentes se tuvieron que conformar con ver desde las esquinas de la calle un panorama ciertamente desolador.
La cafetería estaba arrasada, como si un tornado se la hubiese llevado por delante. El falso techo de la pared había caído dejando jirones colgando de las placas. Las ventanas se habían convertido en huecos. Ni siquiera el aluminio de los ventanales había soportado la fuerza de la deflagración y habían salido disparados contra la calle y las casas de al lado.
En otras cafeterías próximas, como el bar Meigallo, la fachada del edificio mostraban también las huellas de la explosión, lo que evidencia la violencia con la que todo había saltado por los aires en el café situado a unos escasos veinte metros.
Coordinación
La fuerza de los cristales impresionaba, pero también el despliegue puesto en marcha para abordar la crisis. Todos los cuerpos de seguridad, servicios y limpieza involucrados funcionaron bien. A media tarde de ayer, después de la inspección de los técnicos municipales, la calle ya casi se había limpiado.
Resta ahora evaluar los daños y que los vecinos de la zona recuperen la calma, aunque a más de uno probablemente le habrá costado pegar ojo.